La lluvia ácida se identifica principalmente por la formación de precipitaciones con un carácter de acidez, cuyos principales precursores son los óxidos de azufre y nitrógeno emitidos a la atmósfera a través de dos vías principales: las fuentes antrópicas (principalmente a partir de la quema de combustibles fósiles) o las fuentes naturales (compuestas por emisiones volcánicas y fuentes termales). Éstos reaccionan con el vapor de agua y otros compuestos atmosféricos disminuyendo del pH natural de la lluvia, la cual, después de que es depositada, genera la acidificación de ecosistemas acuáticos y terrestres afectando árboles, plantas y cultivos, acidificando lagos y ríos y deteriorando edificaciones y demás infraestructura física.
Use el agua que drena de su techo. Un techo de 1.000 pies cuadrados puede producir más de 600 galones de escurrimiento por cada pulgada de lluvia que cae en él.

En lugar de permitir que el agua vaya directamente al alcantarillado o corra hacia la calle, dirija sus desagües hacia un área con vegetación, como su jardín o césped. Retrasar la llegada de agua a la calle es un paso importante para reducir el escurrimiento y disminuir el caudal de los arroyos.