Los arroyos de Barranquilla ocasionan inundaciones, daños en la infraestructura urbana y en las redes de servicios, daños ambientales, parálisis en la actividad comercial, industrial y en el transporte urbano, deterioro en la salud pública y accidentes con pérdida de vidas humanas. Estos son algunos de los efectos más importantes.
Deterioro urbanístico y daños en la infraestructura física. Los arroyos adquieren un gran poder destructor por las velocidades que alcanza el agua, además de los materiales y desechos que arrastra, afectando la infraestructura de la ciudad, en especial el alcantarillado sanitario existente en la vertiente oriental. Puesto que algunos de los arroyos descargan a los denominados caños, conjuntamente con algunos de los elementos del sistema de drenaje sanitario, se producen represamientos en estos últimos que agravan la situación durante los períodos en los cuales se presentan las inundaciones.
En la zona suroccidental, drenada por los arroyos Santo Domingo, El Salao II y El Bosque, el impacto puede dividirse en tres aspectos: aquellos sectores que por su alta pendiente, el tipo de suelos y la carencia de alcantarillado pluvial, se han convertido en zonas de riesgo por los potenciales deslizamientos; los sectores directamente afectados por los caudales y velocidades del agua de los arroyos y el material que arrastra, que pone en peligro las construcciones; y las zonas bajas donde se pueden producir inundaciones, agravadas por la capacidad insuficiente de algunas de las obras de arte de la vía circunvalar. En la zona suroccidental y en algunos tramos del arroyo Don Juan, localizado en el sur de la ciudad, existen construcciones que están en peligro de ser arrastradas por las crecientes de los arroyos.
Parálisis e interrupción del tráfico. Este es sin duda el mayor impacto de las tormentas que generan arroyos en la ciudad. Con una ciudad que se desarrolla en sentido norte - sur y arroyos en el sentido occidente - oriente, la presencia de los arroyos prácticamente paraliza la ciudad. Esta parálisis tiene una duración mayor a la duración del evento de lluvia, y realmente se inicia cuando crecen las expectativas de lluvia, cuando los habitantes de la ciudad modifican su ritmo de actividad en la espera de los “arroyos”, hasta aproximadamente una hora después de finalizado el chubasco.
Esta parálisis de la ciudad afecta diferentes actividades que se inicia por la del transporte público, servicios institucionales, dado que la Gobernación, la Alcaldía y demás servicios institucionales, se encuentran localizados en zonas de influencia de los arroyos. La zona industrial localizada a lo largo de la Vía 40 se ve afectada por la incapacidad de los cauces existentes de evacuar las crecientes que bajan por las calles, generando inundaciones que afectan directamente la productividad al no permitir el acceso de bienes y personal necesarios para la producción. En general, la carencia de alcantarillado pluvial afecta la productividad en general de la ciudad.
Accidentes y enfermedades. Los arroyos han sido causantes de accidentes que ocasionalmente terminan con la pérdida de vidas humanas. Las grandes velocidades y la imprudencia de algunos conductores o peatones, que se atreven a desafiar las fuerzas del agua son causantes de tragedias que llaman la atención a la ciudadanía sobre un problema que aún no tiene solución.
Deterioro de la salud pública y daños ambientales. Por otra parte, y como ya se mencionó, existe a lo largo de los arroyos de la zona suroccidental, un número de viviendas cuyos habitantes están en riesgo permanente de contraer enfermedades de origen hídrico, por la presencia de aguas residuales, que pueden entrar en contacto directamente con ellos, y muy especialmente con los niños. Adicionalmente, las aguas residuales de toda la ciudad son vertidas sin tratamiento a las corrientes receptoras finales, sean estas los caños de Barranquilla, el río Magdalena o el arroyo León en la zona occidental, causando el daño ambiental consecuente. Este problema se ve agravado por el muy limitado servicio de recolección de basuras y la costumbre de deshacerse de ellos en los arroyos, con la esperanza que la próxima creciente se encargue de arrastrarle lejos del sitio donde se arrojó.
De una manera general, es posible decir que la carencia del manejo adecuado de la crecidas urbanas en la ciudad de Barranquilla trae como consecuencia una pérdida de productividad en todas las actividades y una amenaza de daño ala vida y a los bienes del sector público y el sector privado.
Desde el punto de vista institucional, tanto desde el ámbito nacional como el local, no se tiene una estructura administrativa, ni legal que permita un manejo integral de las crecidas urbanas, con el consecuente desperdicio del recurso hídrico.
Efectos Directos:
Sobre el soporte material:
Sobre los servicios:
Sobre la vida cotidiana:
Sobre la población "pasante" por las áreas afectadas:
Actividades productivas:
Efectos Indirectos:
Use el agua que drena de su techo. Un techo de 1.000 pies cuadrados puede producir más de 600 galones de escurrimiento por cada pulgada de lluvia que cae en él.

En lugar de permitir que el agua vaya directamente al alcantarillado o corra hacia la calle, dirija sus desagües hacia un área con vegetación, como su jardín o césped. Retrasar la llegada de agua a la calle es un paso importante para reducir el escurrimiento y disminuir el caudal de los arroyos.