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Al igual que los demás metales pesados, el plomo es un contaminante
no bio- degradable que se acumula fácilmente en los tejidos y en los
organismos. Debido a su amplio uso y su presencia en el medio
ambiente, se considera un contaminante general no degradable de
efectos acumulativos y altamente nocivos, culpable probablemente de
la decadencia del Imperio Romano.
Su principal vía de absorción es la
respiratoria, aunque puede absorberse por vía digestiva y por la
piel. Su excreción se hace principalmente por el riñón, aunque
cierta cantidad se elimina con las heces y con otras secreciones
corporales, (sudor, leche, etc.).
Una vez absorbido, se convierte en fosfatos
plimboso muy soluble que se transforma enzimáticamente en fosfato
plúmbico poco soluble, depositándose por ello en la corteza y médula
de los huesos, en donde retorna al sistema circulatorio cuando hay
cambios de pH, exceso de vitamina D o solubilización de calcio. Se
deposita además, en el hígado, el pulmón, en el encéfalo, el pelo,
lo dientes y las uñas.
Su principal efectos el hombre es la alteración
de la síntesis de la hemoglobina, causando anemia hipócroma y
disminuyendo la vida de los eritrocitos. Presenta además, efectos
marcados sobre la musculatura lisa, el sistema nerviosos, el riñón
y el sistema reproductivo. Se asocia con aberraciones cromosómicas y
tumores en diferentes órganos.
Las normas sobre su concentración en el agua
potable varían de un país a otro: en Colombia, el límite permisible
es 0.05 ug/ml; en Alemania es de 0.04 ug/ml y la OMS (Organización
Mundial de la Salud) sugiere como límite de tolerancia para el agua
de consumo humano 0.1 ug/ml. |