Louis André Rinfret es un ingeniero canadiense vinculado a la empresa Geniver, que visitó nuestra ciudad, y al que me correspondió conocer en plan de trabajo. Era la primera vez que Louis André visitaba nuestra ciudad, pero me sorprendió su manera positiva de analizar situaciones que nosotros calificamos como muy negativas, por lo que además de ponerme a pensar sobre sus puntos de vista, consideré interesante transmitir estos a mis lectores.
Le quedaba, además, muy fácil expresar sus opiniones en un perfecto español. Has llegado en el inicio del invierno, así que conocerás los arroyos que se forman en nuestras calles, le dije. Ya los he visto por Internet, en YouTube, fue su respuesta, y de una manera tranquila, con mucha convicción, pero siempre indagando, comenzó su análisis sobre esta realidad barranquillera.
Su primera pregunta fue: No en estos inviernos atípicos y exagerados de fenómenos de El Niño y de La Niña, sino en los de años normales, ¿cuántos aguaceros que produzcan enormes arroyos se sucederán en un año? Quizás unos diez o doce, fue mi respuesta. ¿Y cuán prologados pueden ser los arroyos que esos aguaceros forman? Más o menos de unas tres horas, le dije. O sea, afirmó él, que sumados totalizan entre 30 y 36 horas en el año. Imagino, prosiguió, que se podría estimar que por lo menos 8 o 10 horas de esos arroyos serán durante las noches, cuando casi todos están durmiendo, por lo que las horas laborales afectadas por los peligrosos arroyos serán unas 22 o 28 horas en el año.
Ustedes están pagando un precio bajísimo por tener este maravilloso clima tropical. ¡Eso es una bicoca! Y siguió su análisis que parecía contundente: Diseñen una campaña publicitaria institucional en la que se invite a los barranquilleros a aprovechar, en plan de trabajo u ocio, esos momentos durante lo cuales los arroyos rugen sobre las calzadas-canales.
Un amigo ingeniero terció en la conversación manifestando que la ciudad necesita puentes para no quedar incomunicada durante los fuertes aguaceros. Y ese amigo prosiguió: Al Transmetro debieron construirle puentes para que este servicio no se interrumpa con los arroyos. Louis André nos preguntó entonces si las estaciones y los buses del Transmetro tenían aire acondicionado.
Las estaciones no cuentan con aire, los buses sí, le respondimos. ¿Entonces, si cuando aquí llueve torrencialmente ningún peatón puede caminar bajo esos aguaceros, las estaciones no tienen aire acondicionado y los buses sí, para qué van a malgastar plata en puentes, si con ellos lo único que se logra es que los buses lleguen a unas estaciones en donde a los pasajeros les toca quedarse esperando que escampe, sin aire acondicionado y de pie, en vez de hacerlo sentado en un bus con aire acondicionado?
Un punto de vista que nunca había analizado, pero que tiene fundamento. Debimos retomar los temas de trabajo, pero con toda seguridad que si hubiéramos continuado tocando temas de ciudad, este canadiense, que por primera vez visitaba a Barranquilla, nos hubiera seguido enseñado otras maneras de ver nuestra realidad. Tratemos de hacer nosotros ejercicios similares. No solo podremos visionar una mejor ciudad, sino que debe ser bueno para nuestra salud mental.
Por Nicolás Renowitzky
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