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Fuente: EL HERALDO, Octubre 1987 Editorial Los arroyos, ¿problema sin solución? Muy poco, o nada, es lo que se hace en Barranquilla para erradicar el problema de los arroyos. Sus habitantes conviven apáticamente con una situación muy riesgosa. Hace poco fueron identificadas 17 corrientes pluviales que inundan la ciudad durante las horas invernales. Estos ríos urbanos causan cuantiosos daños a su paso y anualmente son centenares las familias damnificadas. Por la destrucción de sus viviendas y la pérdida de objetos hogareños y personales, cuando no de sus propias vidas inocentes.
Es un problema antiquísimo. Y nadie entiende por qué no existen hoy soluciones en marcha. Para que aumenten las posibilidades de que más temprano que tarde se encuentren remedios positivos a dicha calamidad ahora ha habido un exceso de sugerencias, algunas más prácticas que otras, pero no se conocen fórmulas técnicas concretas. Es decir, la ignorancia es total acerca de lo que debe hacerse.
Da la impresión de que el espectáculo de los automotores en plena vía pública, como ocurre en muchos sectores, y de las basuras que navegan veloces hacia el Río Magdalena, es algo connatural a los barranquilleros. Un fenómeno que toleran con paciencia benedictina. Por lo menos, hasta cuando e cambie la mentalidad predominante en los últimos años sobre el problema de los arroyos. O deje de llover.
Pero el tiempo pasa. Y e costo de las obras públicas se multiplica escandalosamente, reduciendo las posibilidades de acometer la ejecución de unos trabajos postergado durante aproximadamente media centuria. Cada día que transcurre aumentan las dificultades y d todo orden para resolver una situación que afecta catastróficamente a Barranquilla.
Mientras no haya proyectos concretos ni estudios de la factibilidad todas las iniciativas estarán sujetas al fracaso absoluto. Si bien es cierto que la administración municipal carece de recursos para emprender en su totalidad un plan de obras para acabar con los furiosos ríos urbanos, no se descarta que cuando existan estudios y recomendaciones científicas de realización, se ponga en marcha siquiera un proceso parcial que permita progresar anualmente hacia el objetivo. Aunque sea unos pocos kilómetros menos de arroyos barranquillero cada invierno. Hasta el próximo.
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